1486, Septiembre 17. Valencia.
Propietario de una de las escuelas de artes más reputadas de la ciudad de Valencia, el maestro Antoni Tristany fue encausado a cuenta de las denuncias presentadas contra él por algunos de sus propios discípulos y miembros de su entorno familiar, incluyendo una cuñada y una antigua amante. Los testimonios que sostuvieron la denuncia o clamosa insinuatio presentada por el fiscal ante los inquisidores Martí Enyego, vicario episcopal, y el dominico fray Juan de Épila el 17 de septiembre de 1486, habían sido recabados entre noviembre de 1485 y agosto de 1486. Llevado a la prisión del Palacio Real el mismo día 17 de septiembre, fue sometido el 3 de octubre a un primer interrogatorio que a la postre sería el último. El 21 de octubre siguiente, el propio fiscal notificaba a los inquisidores que el maestro Tristany había fallecido en la cárcel y pedía que se le abriera proceso post mortem. A decir de quienes habían compartido encierro con él, la muerte le sobrevino como consecuencia de la huelga de hambre que había emprendido para protestar por un tratamiento que consideraba de todo injusto, pues se tenía a si mismo como fiel y ejemplar católico. El juicio se alargó durante varios años, de manera que fueron otros inquisidores (Francesc Soler y fray Miguel de Monterrubio) quienes finalmente dictaron sentencia el 19 de enero de 1489. Aunque durante ese tiempo el fiscal pudo reunir unos pocos testimonios más en su contra, solo el último de ellos, que fue traído de la misma prisión inquisitorial a finales de 1488, permitió fundamentar la condena definitiva sobre un único cargo inapelable: unos quince años antes, Tristany había guardado el ayuno del Yom Kipur. Un testigo oportuno y notoriamente falso, según argumentó el notario Joan Vilaspinosa, quien había ejercido la defensa como representante de los intereses de Pere Tristany, hijo del maestro. Todos los descargos que presentó, fundamentados en una veintena de testigos que comprendía algunos prestigiosos miembros del clero catedralicio, fueron desoídos por el tribunal, que en cambio recogió en su sentencia algunos de los extremos más inverosímiles de la acusación. Durante el tiempo que duró el juicio, el cuerpo insepulto del maestro fue conservado en el Palacio Real, para ser finalmente entregado al fuego en la Rambla del Turia, junto con la caja que lo contenía, tras el auto de fe celebrado en la plaza de la Seo el 21 de enero de 1489.
El proceso contra Antoni Tristany ilustra los procedimientos y excesos de la represión ejercida en los primeros tiempos de la Inquisición española y, como otros similares, es una ventana abierta a los comportamientos domésticos e íntimos de quienes fueron sus víctimas; pero además –y esta es sin duda su característica más extraordinaria– constituye uno de los escasos documentos que permiten entrever el funcionamiento de las escuelas urbanas de gramática a finales de la Edad Media.
El proceso se encuentra en el Archivo Histórico Nacional, sección Inquisición, aunque desgajado en varios fragmentos repartidos a su vez entre diversos legajos. Citamos aquí la localización archivística de las primeras páginas, que incluyen la clamosa, los testigos presentados por la acusación y las actas del apresamiento e interrogatorio del reo, así como la que da noticia de su muerte en la cárcel del Real. En la transcripción completa, disponible en descarga al final de esta página, se indica con detalle el paradero de las diferentes partes del texto.
— AHN, Inquisición, leg. 1081, caja 2 (suelto), y otros.
CRUSELLES GÓMEZ, José M.ª, «El maestro Antoni Tristany y la supuesta primera escuela de Joan Lluís Vives», Estudis. Revista de Historia Moderna, 21, 1995, pp. 7-22. [Dialnet]
CRUSELLES GÓMEZ, José M.ª, «Prisión, muerte y condena de Antoni Tristany, maestro de escuela, por la Inquisición de Valencia (1486-1489)», Anales de la Universidad de Alicante. Historia Medieval, 25, 2024, pp. 121-158. [Dialnet]
Transcripción: J.M. Cruselles
Bibliografía: